2016/06/28

«La velocidad del cambio»




Roberto Artavia. El Financiero



«Hay tendencias de largo plazo, como las que tienen que ver con la demografía —como el envejecimiento paulatino de la población, la reducción de la tasa de natalidad y la migración de grupos cada vez más grandes y diversos— y tendencias de la naturaleza como el cambio climático y todas sus consecuencias —sequías, inundaciones, tormentas más frecuentes y fuertes, levantamiento del nivel del mar— y sus consecuencias económicas y sociales.

»Hay también tendencias más recientes como la sorprendente abundancia de energía en que de pronto vivimos, el avance de las ciencias y la tecnología —informática, materiales, robótica, biotecnología, genética, nanotecnología, inteligencia artificial— y tendencias en al forma de producir y competir —solo piensen en los drones, la impresión 3D, las apps que hoy existen para casi cualquier servicio, la Internet de las cosas y la desmaterialización de las transacciones—.

»Vivimos en un mundo ya sin fronteras, aunque algunos sigan pensando que es posible aislarse.

»Si algo queda claro es que los gobiernos, por estar limitados por la ley y los estatutos, estrategias y reglamentos de sus instituciones, no podrán ser la plataforma de cambio y adaptación que nuestras sociedades necesitan para alcanzar prosperidad, equidad y sostenibilidad en medio de tal dinamismo.

»Queda entonces en manos de la empresa productiva —sobre todo de los emprendedores— y de la sociedad civil organizada —emprendedores sociales— encontrar la forma de crear mecanismos —productos, servicios, inversiones, infraestructura, procesos, innovaciones, organizaciones— que nos permitan adaptarnos con éxito —productivo, social y ambiental— a este contexto volátil y sí, inevitable.

»El Gobierno —en todos sus niveles— deberá ser flexible, inteligente y estratégico, pues tratar de detener estos cambios será como tratar de detener la marea desde un bote.»





Administración Pública e innovación

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