2016/09/23

«Incertidumbre, confianza e innovación. Dimensiones de la confianza»




Alejandro Valenzuela y Oscar F. Contreras. «Confianza e innovación tecnológica en pequeñas empresas. Las industrias metalmecánica y de tecnologías de la información de Sonora», Papeles de población, vol. 19, n.º 76, abril-junio de 2013. Véanse las referencias en la publicación original del texto.




«Incertidumbre, confianza e innovación

»En este trabajo sostenemos que para la pequeña empresa la confianza constituye una dimensión crucial, en la medida en que los procesos de innovación dependen en buena parte de sus relaciones con el entorno y no tanto de sus propios recursos.


»La innovación

»Para ser competitivas en mercados dinámicos, las pequeñas unidades productivas deben innovar. Dado que no cuentan con capacidades de investigación y desarrollo, lo hacen con base en las relaciones que establecen con otros agentes del entorno y en el marco de importantes niveles de subcontratación; deben hacer una combinación apropiada de lo que Nooteboom (2000) llama exploración y explotación del conocimiento.

»La innovación ha sido objeto de múltiples definiciones. Para Joseph Schumpeter (1996), la innovación es un proceso de destrucción creativa, un proceso dinámico en el que las nuevas tecnologías remplazan a las viejas. Existen cinco tipos: una, la introducción de nuevos productos; dos, la introducción de nuevos métodos de producción; tres, la apertura de nuevos mercados; cuatro, el desarrollo de nuevas fuentes de materias primas y otros insumos y, cinco, la creación de nuevas estructuras de mercado en la industria.

»Carlota Pérez (2001) retoma los planteamientos de la economía evolutiva para introducir una clasificación que conviene enunciar aquí: las innovaciones pueden ser incrementales o radicales. Las incrementales son las mejoras sucesivas a los productos y procesos existentes, lo cual ocurre con gran frecuencia en la medida en que la trayectoria de cada tecnología particular se caracteriza por constantes incrementos en eficiencia técnica, productividad y precisión de los procesos, así como por cambios graduales en los productos para conseguir mejor calidad, reducir costos o ampliar la gama de usos. En cambio las innovaciones radicales consisten en la introducción de productos o procesos completamente nuevos. Además, debido a la dinámica inercial de las trayectorias de cambio incremental, es prácticamente imposible que una innovación radical resulte de los esfuerzos por mejorar una tecnología existente.

»Para el Manual de Oslo (2005), resumiendo, la innovación es:

»...la implementación de un producto (bien o servicio) o proceso nuevo o significativamente mejorado; nuevos métodos de comercialización, de organización de las prácticas de negocios, del proceso de trabajo o de las relaciones externas. Las actividades de innovación son todas pasos científicos, tecnológicos, organizacionales, financieros que de hecho conducen, o intentan conducir, a la implementación de innovaciones.


»En este trabajo nos referimos a la innovación de productos y procesos en las pequeñas empresas. La de productos consiste en el desarrollo, modificación o mejora de los bienes que sus clientes utilizan, tales como insumos, máquinas y herramientas. La innovación de procesos, por su parte, se refiere al desarrollo o mejora de la organización del trabajo y de las rutinas productivas.

»Debido a que sus resultados están en el futuro, la innovación conlleva un alto grado de incertidumbre debido, no solo al carácter estocástico de sus resultados, sino porque en el ambiente en el que se desarrolla participan agentes económicos sobre los que se tiene información incompleta y asimétrica.

»En la innovación tecnológica una pequeña empresa establece relaciones con otras empresas, principalmente clientes y proveedores que participan en los procesos de innovación de manera directa o indirecta. Esas relaciones generan costos de transacción que van desde los simples costos de relaciones públicas hasta la participación de los socios en todo el proceso, desde el aprendizaje hasta la innovación.

»La relación de una firma con otras se basa en dos factores clave: la vigilancia, cuya expresión más común es el contrato, y la confianza en distintas gradaciones que desarrolla con sus clientes, con sus proveedores y con las instituciones públicas y privadas que constituyen el entorno en el que opera.


»Confianza e incertidumbre

»La confianza es un conjunto de expectativas racionales positivas que se basan en la idea de la comprensión del interés del otro y en cálculos que evalúan los costos y beneficios de ciertos cursos de acción de quien confía o de la persona en quien se confía (Gordon, 2005); es la creencia en que los otros actuarán de manera honesta y de buena voluntad; que poseerán los conocimientos técnicos que dicen tener o que ejercerán un liderazgo basado en su prestigio en el sector de actividad industrial. Su importancia en los negocios es crucial:

»En primer lugar, por la incertidumbre que acompaña a todas las actividades en el mundo moderno; en segundo lugar, por la interdependencia de las actividades empresariales; en tercer lugar, por los riesgos que implica el desarrollo tecnológico; en cuarto lugar, por la complejidad de los desarrollos tecnológicos incluso para gente de elevado grado de escolaridad; en quinto lugar, por la impersonalidad de muchas de las operaciones que se llevan a cabo y, en general, por la gran cantidad de opciones que implica la toma de decisiones: no solo las opciones de un lado, sino también en la contraparte dado que toda operación implica una operación al menos bilateral (Sztompka, 1999).

»Dicho de otra manera, “el valor económico de la confianza descansa en el hecho de que permite interacciones entre personas y entre organizaciones” (Nooteboom, 2002).

»Teniendo preminencia sobre el oportunismo, “la confianza es una apuesta arriesgada” (Luhmann, 1999) que, a pesar de ello, debe asumirse porque de otra manera se corre el riesgo de caer en la parálisis. Su ejercicio, en cambio, permite tomar decisiones racionales respecto a clientes, proveedores, competidores y asociados.

»La confianza no es un “insumo” de la innovación, o al menos no en el sentido físico. Es, en todo caso, una característica del entorno en el que se desenvuelven los negocios; es un atributo complejo que no puede ser reducido a un “estado” o “mecanismo”. Esa reducción daría la falsa idea de que la confianza es un concepto estático cuando en realidad implica una relación problemática con el tiempo dado que confiar significa anticipar el futuro (Luhmann, 1996).

»Como elemento dinámico del entorno de los negocios, la confianza no es algo que se decide tener, ni que se otorga de manera voluntaria, como un objeto; se puede decir que se construye en la relación y que está sujeta a cambios en el tiempo, las circunstancias y las condiciones de los participantes; en fin, se construye con base en interacciones iteradas entre los agentes económicos.

»Las bases de la confianza, que conllevan la reducción de la incertidumbre, son: I) “el desplazamiento parcial de la problemática de lo externo a lo interno”, es decir, el fortalecimiento de la confianza por las condiciones externas; II) el proceso de aprendizaje por el cual se aprende a confiar (o a no confiar); y III) la detección de símbolos en el entorno que le predispongan a otorgar confianza. Estos tres factores contribuyen a la reducción de la complejidad (Luhmann, 1996).

»Desde luego que la confianza no es incondicional, pero si ha de ser útil para propiciar las relaciones empresariales, se le debe asignar un papel más relevante que el de la predisposición al oportunismo. Esto significa que las empresas, como los individuos, son capaces de subordinar las posibilidades de ganancia de corto plazo en aras de acuerdos tácitos o explícitos con sus pares.

»Los procesos de aprendizaje e innovación se han dado siempre en medio de escenarios de creciente incertidumbre cuyas fuentes son: primero, las necesidades de los clientes; segunda, el ambiente tecnológico que determina qué tipo de aprendizaje y qué tipo de innovaciones son necesarias para mantener la viabilidad de unidad económica en el mercado; tercera, el ambiente competitivo que manda señales sobre qué están haciendo las que producen bienes y servicios similares; cuarta, los recursos organizativos ya que es importante saber si la organización está en capacidades para innovar y para relacionarse con otras organizaciones que puedan aportarle conocimientos para el aprendizaje, ayuda y estímulos para la innovación (Souder y Moenaert, 2007). Y, quinta, la incertidumbre que genera el ambiente económico, es decir, el cambio en los precios, las tasas de interés y las oportunidades de mercado.

»Un proceso de rápida innovación conlleva resultados no previstos, sobre los que no se tiene información, que generan incertidumbre y hace que las formas de gobernanza, especialmente las que se basan en contratos, se vuelvan dificultosas, lo que incrementa la importancia de la colaboración basada en la confianza (Nooteboom, 2005b).

»Si la información es perfecta y suficiente, la confianza es irrelevante. Sin embargo, en el ámbito de la innovación tecnológica de las pequeñas empresas, eso no es posible. Por tanto, si la información no es suficiente para tomar decisiones que involucran relaciones con otros agentes, entonces debe haber mecanismos alternativos para avanzar. Las alternativas son la vigilancia o la confianza, aunque una combinación confianza-control es apropiada porque no se confía en forma generalizada, sino solamente en el ámbito de intercambios específicos (Hardin, 2003).

»Cuando se establece la confianza, la incertidumbre (o parte de ella) deviene en riesgo y los costos, tanto de operación como de transacción, decrecen.

»La introducción de la confianza como elemento complementario de la información en la toma de decisiones le da al concepto de racionalidad una dimensión diferente al que se le otorga en la economía neoclásica.

»En relación al enfoque neoclásico, el problema radica, además de la evidente inexistencia de la información completa, en el carácter “computacional” que otorga a los agentes que conocen todas las posibles alternativas o cursos de acción y todas las posibles consecuencias de sus decisiones. Si así fuera, sin embargo, no sería necesaria la existencia del concepto de racionalidad. La racionalidad existe porque el individuo debe evaluar el pasado, sopesar la información existente (que nunca es completa) y arriesgar sobre el comportamiento de los otros agentes.

»El enfoque de racionalidad está en realidad más cercano a un criterio general por medio del cual se establecen los fines, se reconocen las restricciones y se toman las decisiones para alcanzar los objetivos. Es decir, como dice Jon Elster (1995), “la gente suele hacer lo que cree que es probable que tenga mejor resultado general” porque “la racionalidad específicamente humana se caracteriza por la capacidad de relacionarse con el futuro”. O como asegura Oliver Williamson (1989), el individuo es “intencionalmente” racional, pero es también “limitadamente” racional, lo que conduce a otorgar un papel fundamental a las instituciones en las transacciones económicas.


»Confianza e innovación

»Podemos partir de un supuesto realista: los pequeños empresarios están más dispuestos a realizar esfuerzos para innovar cuando tienen expectativas positivas sobre las respuestas de los otros agentes y cuando han creado las bases para la confianza mutua. En particular, los pequeños empresarios se comprometen más en los procesos de innovación en la medida en que creen que sus ideas son tomadas en cuenta. Dado que la innovación implica riesgos, es poco probable ese compromiso si no confían en quienes participan en el proceso (Clegg et al., 2002).

»En los procesos de innovación las firmas necesitan mostrar flexibilidad y rapidez en la toma de decisiones para ajustarse a los cambios en los mercados y en las tecnologías. Eso requiere del establecimiento de relaciones de colaboración con otros agentes para adquirir los conocimientos requeridos (Nooteboom, 2006b).

»En este sentido, se puede afirmar que la relación entre confianza e innovación es indirecta ya que la innovación requiere de aprendizaje que proviene, de manera muy destacada, de relaciones con otras empresas y agentes diversos; en esas relaciones la confianza suele tener un importante papel como "lubricante social".

»Una relación fructífera en términos de intercambio de información que genera conocimientos, implica tener “capacidad de absorción” (habilidad para reconocer el valor de información nueva, asimilarla y aplicarla) y mantener, con la fuente de conocimientos, una “distancia cognitiva” apropiada (Nooteboom, 2006a; Cohen y Levinthal, 1990) porque el aprendizaje muestra rendimientos decrecientes con ella.

»Al igual que la distancia cognitiva, la confianza debe tener un nivel apropiado porque si es poca obstruye las relaciones cliente-proveedor y si es mucha genera rigidez y pérdida de capacidades de innovación porque limitaría la competencia. Estas limitaciones invitan a pensar en una combinación confianza-control.

»El control tendrá básicamente dos propósitos (Nooteboom, 2006b): reducir las posibilidades de oportunismo a través de contratos, uso de coerción y medidas jerárquicas; y proporcionar incentivos para una relación de confianza basada en el respeto a la reputación, la dependencia del socio y los bonos o beneficios de la relación.

»Así pues, la innovación requiere de tres factores: primero, la información (que siempre es imperfecta, imprecisa e incompleta); segundo, el control que el agente pueda ejercer sobre clientes y proveedores y, tercero, la confianza en los agentes asociados.

»En el Esquema 1 se muestran las ideas anteriores: circunscribiendo el análisis a la relación cliente-proveedor, se puede afirmar que la innovación tiene su origen en la adquisición de conocimientos y en los procesos de aprendizaje basados en la capacidad de absorción y la distancia cognitiva.

»Los procesos de aprendizaje que se generan en el ámbito de esas relaciones se explican por combinaciones específicas de tres factores: flujos de información y conocimiento, el control y la confianza que, además se refuerzan mutuamente.



»Dimensiones de la confianza

»La confianza se puede analizar en muy diversos ámbitos, pero aquí se privilegia el de las relaciones cliente-proveedor. En este ámbito (al igual que en el de las relaciones empresa-instituciones) se pueden analizar tres dimensiones de confianza: la normativa, la estratégica y la técnica (Luna y Velasco, 2005; Sara Gordon, 2005).

»La primera dimensión está relacionada con la disposición para actuar conforme a normas y valores, en particular la honradez y la buena voluntad. La segunda con la conveniencia y el cálculo de los agentes (Nooteboom, Berger y Noorderhaven, 1997) en función del grado de dependencia que genera la estructura de mercado y el prestigio de las organizaciones empresariales. Y la tercera con las competencias que se esperan de ellos y la intención de dedicarse a las actividades que dicen desarrollar (Klein et al, 2005a).

»En el Cuadro 1 se resumen los contenidos del concepto de confianza en las tres dimensiones mencionadas.

»Los contratos, como expresión de instrumentos de vigilancia, requieren de una acotación porque su importancia depende de la concepción de confianza.

»Hay una opinión según la cual hay una relación de conflicto entre confianza y contratos (el contrato sería la evidencia de la desconfianza), pero la economía de los costos de transacción (Williamson, 1989 y 1995) admite una relación positiva entre contrato y confianza, en el sentido de que esta última forma parte del ambiente institucional en el que se pactan y desarrollan los acuerdos contractuales.

»Para Luhmann:

»“la institución legal del contrato contiene una formulación técnica del principio de confianza en términos de ley que se hace demasiado independiente para que la confianza desempeñe un rol ya sea como condición verdadera o como una base para la validez de los convenios” (Luhmann, 1999).


»En otros enfoques la confianza precede al contrato, pero en distintas etapas de la relación pueden ser sustitutos y complementarios. Según este punto de vista, el contrato tiene tres funciones: la primera es que es un mecanismo de coordinación que permite manejar la relación; la segunda es que adquiere el papel de salvaguarda ante posibles contingencias técnicas y económicas y, la tercera es que significa el pacto de un compromiso que refleja la confianza entre las partes (Klein et al, 2005).

»Para Nooteboom (1997 y 2005), la confianza puede reducir la necesidad de contratos formales muy especificados y más costosos. Además, un contrato demasiado formalizado, con posibilidades de coerción para forzar a las partes a cumplirlo, requiere de un sistema de justicia que funcione y en el que los agentes puedan confiar. “Los contratos no tienen sentido cuando no hay bases legales y judiciales apropiadas” (Nooteboom, 2006).»





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