2017/06/27

Eugenio Mallol (@eugemallol): «Innovar de mentiras»




El Mundo @elmundoes. Eugenio Mallol es director de INNOVADORES.



«Mira que nos gusta innovar de mentiras en este país. Los propios gestores públicos te reconocen que una parte notable de las ayudas que se conceden para proyectos de innovación se reparten a peso. No hay suficiente personal para estudiar una a una cada petición. Ni siquiera el criterio está claro. Lo descubrí cuando indagué un poco acerca de esos supuestos gatekeeper de la financiación pública de la I+D en España.

»Quería saber a qué llamaban innovación, debatir con ellos y trasladárselo a las empresas, aprender de su criterio. Pero descubrí que, como en un relato borgiano, nunca han existido.

»¿Quieren sus señorías historias para troncharse de risa? Lean los informes justificativos con los que se consigue la liquidación de las ayudas (sí, muchas veces el dinero se canjea por una simple memoria). Comprueben las facturas, en qué se ha gastado el dinero público realmente, busquen ese desarrollo efectivo por el que se les financió y analicen su utilidad real. Con la honrosa excepción de quienes sí cumplen, por supuesto. Imagino que lo que sucede en el ámbito de la I+D será extensible a otros. No quiero ni pensar lo que se está haciendo con las ayudas en terrenos resbaladizos como la universidad u otros de esperable sensibilidad social.

La cuestión es que nos gusta innovar de mentiras. Nadie ha diseñado el cuadro de mandos definitivo. Y en cuanto a la información municipal... ¡ay!

»La cuestión es que nos gusta innovar de mentiras. ¿No les llama la atención que rebrote la cosa de las smart cities? Sí, ese directivo de multinacional española dice que ahí está el futuro. Bueno, lo cierto es que el asunto ha vuelto a ganar fuerza porque se ha desatado una furia de millones en Fondos Feder y hay que encontrar la manera de sacarle partido.

»Ahí tienen a tal compañía reciclando su sistema de tratamiento de datos para venderlo a los ayuntamientos que se presten a la aventura. O a tal otra colocando productos a precio de saldo cambio de ir diseminando su estándar, que en realidad no es suyo, pero ha logrado meter cabeza y cruza los dedos por su caballo ganador.

»La realidad es que la smart city, como propuesta de integración tecnológica, hoy no es una realidad. Los fabricantes de coches aún son reacios a abrir su compleja tecnología para que interactúe con un sistema al que son ajenos. No hay un estándar global para el Internet de las Cosas. Nadie ha diseñado el cuadro de mandos definitivo. Y en cuanto a la información municipal... ay, qué decir de los datos de los ayuntamientos. Un desastre. ¿Interoperalidad? ¿Mande? Tome un excel y vuelva mañana.»





Innovación y discursos

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