«Lo que es muy difícil de saber es lo que una persona sería capaz de hacer si estuviera efectivamente ilusionada con el proyecto, si se sintiera parte del mismo, libre con su caudal de responsabilidad, inmerso en el mismo.»
Koldo Saratxaga, ¿Sinfonía o Jazz?

Gracias al modelo Saratxaga los pequeños emprendedores tenemos a nuestro alcance un medio razonable y eficiente para crecer: formar equipo. Es decir, los emprendedores, más aún si somos pequeños, no ofrecemos trabajos, no ofrecemos contratos. Ofrecemos ser compañeros de trabajo a otras personas, formar equipo.
Comenzar una actividad es relativamente sencillo, con ganas, trabajo y un poco de suerte. No habrá muchas personas que no estén de acuerdo con esto, ni tampoco con que el reto es continuar y no sólo eso, sino crecer. ¿Cómo crece un pequeño emprendedor? Lo mismo que uno grande y que una organización grande: con personas.
También habremos oído a muchos emprendedores el gran quebradero de cabeza que supone encontrar personas que trabajen con ellos y permanezcan un tiempo razonable, lo caros que salen los malos pasos en este terreno, que prefieren cerrar si se van de vacaciones, o llegar a menos, etc. Hay que decir que las personas que necesitan y necesitamos a nuestro lado los emprendedores son autogestionadas y multidisciplinares, como indica Koldo Saratxaga que han de ser los equipos. Si los equipos tienen estas características, sus miembros también, en mayor o menor grado.
Al igual que no tiene justificación ni práctica ni teórica establecer una estructura jerárquica y en departamentos en una pequeña organización, pues consumiría prácticamente toda la energía disponible para servir al cliente, también resulta ilógico e ineficiente querer funcionar con el sistema de mercado de trabajo a la hora de incorporar personas. Por este sistema quizá se sale al paso de una necesidad de un momento, pero no se consigue hacer camino de futuro, salvo excepciones.
Por lo tanto, en nuestra pequeña organización no hay una persona (jefe) que se dedica a buscar trabajo para otros (empleados) a quienes se lo vende (a ser posible en unas condiciones de mercadillo).
Lo que sí somos y hacemos es que entre todos pensamos qué producto o servicio vamos a realizar, a quiénes y qué necesidad les vamos a satisfacer, cómo se lo vamos a ofrecer y cómo vamos a desarrollarlo. Así es como formamos equipo y entre todos sacamos adelante el reto que nos hemos propuesto, sin dejar atrás a nadie que comparta trabajo y respeto en el proyecto.
Este post debía haber salido el martes, pero como teníamos prevista una asamblea general ayer, hemos esperado a redactarlo hoy para contar la experiencia de esta reunión. Nuestra asamblea general ha sido una reunión de unas tres horas para poner en el centro de nuestras mentes la idea clara de que es cosa de todos definir el proyecto, darlo a conocer y responder a los compromisos con nuestro servicio.
Así que todas las personas que llegan al proyecto y las que ya estamos somos emprendedores porque todos somos responsables de la buena marcha de nuestra pequeña organización. Ahora falta que esta idea llegue a las tripas, a los sentimientos, después de rumiarla unos días. Entonces es cuando estaremos preparados para la siguiente reunión.
Al comenzar ayer nuestra reunión nos entendíamos poco, porque cada persona tenemos nuestro mundo y referentes y no es fácil transmitirlos a otras personas en otros mundos y con otros referentes, ni comprender los suyos. Así que al principio se oían y decían muchos «¿qué?», «¿cómo?», «no te entiendo», etc. Todo perplejidades ante una situación en la que, lejos de tener que obedecer y hacer unas tareas como una máquina accionada por control remoto-jerárquico, se pedía a cada persona que espabilemos en todos los aspectos. En definitiva, el precio de la libertad y que pagamos bien a gusto. Al final de la tarde, junto con los resultados prácticos, la sensación común era que habíamos pasado un buen rato, además de ver otros mundos distintos del nuestro.
De esta manera es como hemos aceptado el reto que nos lanza Koldo Saratxaga desde ¿Sinfonía o jazz? y gracias a él hemos definido nuestro cuarto y último pensamiento estratégico de este año y del proyecto entero:
«Lo que es muy difícil de saber es lo que una persona sería capaz de hacer si estuviera efectivamente ilusionada con el proyecto, si se sintiera parte del mismo, libre con su caudal de responsabilidad, inmerso en el mismo.»
¿Sinfonía o jazz? Koldo Saratxaga y el modelo Irizar. Un modelo basado en las personas, Barcelona, Granica, 2004, página 306.
