Intangible, inmaterial, invisible, inasible... ¿de verdad lo que es así tiene valor, vale para algo? ¡Ah, sí!, en El principito, dice Antoine de Saint-Exupéry que «lo esencial es invisible a los ojos». Nuestro mundo se mueve entre El principito de Saint-Exupéry y El príncipe de Nicolás Maquiavelo, quien afirmaba esto tan conocido de que «el fin justifica los medios».
Todas las personas y todas las organizaciones tenemos recursos intangibles. Podemos mejorar en ser conscientes de ellos, valorarlos y utilizarlos.
Ilustración de El principito realizada por Saint-Exupéry; es una imagen contenida en Cartas a la desconocida. Escultura de Nicolás Maquiavelo en el exterior de la galería de los Uffizi.
La propiedad intelectual y la propiedad industrial, representadas por las patentes y las marcas, principalmente, son quizá el recurso quizá más renombrado entre los intangibles o inmateriales. Ejemplifican a las mil maravillas que los recursos intangibles son, en primer lugar, recursos, es decir, medios que sirven para hacer realidad algo (fines, objetivos, productos, servicios, etc.). Y en segundo lugar, muestra la unión entre un valor intangible y unas realidades tangibles que son su consecuencia. Una referencia sobre cómo invertir en una marca es Brasil, donde el 25 % de la inversión del país en intangibles se produce en las marcas.
También el recorrido intangible-tangible se realiza a la inversa. Un ejemplo es el intangible capacidad de innovación. La gerencia y el desempeño financiero de la organización son responsables de un ratio valor de mercado / valor contable realista y eficiente de los produtos y servicios. Este ratio estará influyendo directamente en la capacidad organizativa de mirar al largo plazo, al futuro, y no solo de superar el día a día, la supervivencia elemental.
El capital humano, formado y capaz del desempeño que se necesita en cada momento es otro intangible estrella, desde la propiedad de la organización hasta la incorporación más reciente a la plantilla, pasando por el cuadro directivo. La comunicación interna, formal e informal, los encuentros (reuniones y otras actividades en común) influyen en la necesaria colaboración en un grupo humano en el que cada persona no existe aislada, y cuyo trabajo, decisiones y actitudes pueden suponer una traba o, al contrario, funcionar constructivamente. En este terreno, se ha llamado la atención sobre las limitaciones que genera el teletrabajo respecto al trabajo presencial sobre activos intangibles como la colaboración, la creatividad y la innovación.
La fiabilidad de una organización y la confianza que es capaz de generar en el consumidor son dos intangibles que explican elecciones de productos y servicios, y que no se pueden copiar.
Por último, pero no menos importante: los datos, un intangible invaluable hoy en día. Permiten a las organizaciones su adaptación a las circunstancias del contexto-entorno, al igual que responder a los clientes, a las personas a quienes orienta su actividad.
Para terminar: la atención a los intangibles se encarriló a principios de los 90, de la mano del japonés Hiroyuki Itami y su libro Mobilizing Invisible Assets (Movilizar los activos invisibles).
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